Donde el feminismo no llego // Mil soles espléndidos (resumen y análisis)

Nadie sabe a ciencia cierta como es el infierno, no obstante, si hay un lugar en el mundo, el cual tenemos una noción de cómo sería esa tierra árida y de sufrimiento, Afganistán brillaría como ejemplo vivo, sobre todo para aquellas personas que nacen con el género femenino. La sentencia de una vida aterradora comienza desde el alumbramiento y no tendrá sosiego hasta el final; pobreza, carencia, exaltación religiosa, nulo Estado de derecho, desigualdad, violencia y escaso acceso a la educación es el pan de cada día para las mujeres.

¿Es una novela feminista o antifeminista mis soles espléndidos? La respuesta es un retrato de la realidad, una realidad que nos negamos a visualizar por su brusquedad o desinterés humano, que debemos repasar una y otra vez para llegar a un consenso real de lo que tenemos por delante.  

Si de Afganistán se trata, se necesitan decenas de artículos para entender su situación política-histórica-religiosa, no obstante, hay un libro que nos da una descripción espléndida sobre que es, que paso y por qué Afganistán es un país que merece no ser olvidado. A través de la historia de 2 mujeres enfrentando la tempestad, presenta el temple a la agonía, la educación como arma contra la desilusión, una región obligada a la ignorancia y al radicalismo, pero que demuestra que la lucha por la plenitud lleva tanto sacrificio como compañerismo.

Mariam y Laila sufrirán la representación misma del dolor y el abuso, viviendo los cambios de una región en constante guerra y sin un panorama de paz. Las ideas del padre de Laila fueron la chispa que encendió un alma dispuesta a no doblegarse al statu quo, por otro lado, la soledad de Mariam y los sucesos de su crecimiento pudieron crear en ella un odio razonable hacia el mundo, pero su corazón endurecido por la tempestad, no deja de sentir el querer y preocuparse por el bien de los que quiere.

Mil soles espléndidos es un retrato de la crudeza, que tristemente para muchos un final injusto hacia las protagonistas, y sobre todo los acontecimientos por los hechos que han ocurrido en el país afgano los últimos años. Precisamente es el final de este libro, una realidad de una nación que nos lleva a reflexionar en los errores que cometemos en generalizar a las personas, la justicia y el peligro de la ignorancia.

Una lectura simple y fresca, pero sin ningún tapujo al describir los horrores vividos por los personajes, por ello debemos resumir Mil Soles Espléndidos.

Resumen

La novela comienza con la presentación del personaje de Mariam, una niña de cinco años que vive con su madre, Nana. Mariam es hija ilegítima de Yalil, un hombre adinerado con varios negocios, y un reputado vecino de Herat, que tuvo una aventura y embarazó a su sirvienta Nana, la mamá de Mariam. Al conocer el embarazo de Nana, Yalil ordenó construir una kolba a las afueras de la ciudad para que allí ella pudiera dar a luz y criar a su hija para que pocas personas conozcan el origen de su futura hija. Desde que Mariam es tan solo una niña, su madre siempre le hablaba para recordarle que ha nacido siendo una harami (bastarda) y que está destinada a sufrir durante toda su vida, igual que ella. Mariam, sin embargo, pasa toda su infancia esperando ansiosamente la visita de su padre cada jueves. Mariam sabe que él tiene tres esposas y otros diez hijos (medios hermanos) que viven en su casa de Herat, pero nunca ha ido a visitarlo por la desgracia que supondría para la sociedad en la que viven, ser una harami es una marca que no se puede quitar. Aun así, Mariam sueña con vivir con él y sus hermanos en aquella casa, pero no se atreve a contárselo a su madre porque es consciente de la aversión que esta siente hacia su padre, un odio y al mismo tiempo resentimiento. Las únicas visitas fuera de su padre, lo hacen el amable ulema Faizulá, que se preocupa de inculcar a Mariam el Corán, y Bibi yo, que iba acompañada de su familia llevando dulces y las últimas noticias de la ciudad hacia Nana.

El día que Mariam cumple quince años, su padre le dice que puede pedir lo que sea, Mariam le dice a su padre que la lleve al cine, ya que su papá es propietario de uno, para ver Pinocho. Nana se opone y ruega a su hija que no vaya; sin embargo, Yalil le promete que pasaría a buscarla la siguiente semana. Mariam espera durante horas a la puerta de su kolba, pero su padre no aparece.  Entonces, es el momento en el que Mariam se arma de valor y decide ir a Herat para encontrar la casa donde Su padre Yalil vive con su familia, a pesar de que Nana, su madre, le promete que se suicidaría si decide irse. Una vez en la ciudad, pide a un señor que la guíe y él la lleva a la casa que todos conocen, el hombre más rico de la zona. Ella pide verlo, pero le dicen que no se encuentra ahí, por lo que decide esperarlo; ante la insistencia le informan que Yalil está fuera de la ciudad, renuente por la promesa que le hizo, espera en la acera toda la noche. Al día siguiente, el chofer de Yalil le dice que se tiene que ir, pero ella intenta por la fuerza entrar a la casa y en ese breve momento descubre que su padre estaba en la ventana viéndola. Siente entonces una terrible desilusión, pues entiende que él la dejó pasar la noche afuera de su casa como una mendiga y que se avergonzaba de ella, las promesas que le hizo, no las cumplió por su voluntad, cayendo la felicidad que le traía su padre.

En su regreso a casa, Mariam encuentra el cuerpo sin vida de Nana, quien, sumida en la desesperación, cumplió sus amenazas, por lo que se ahorcó debajo del sauce llorón. Mariam, rota por el dolor y desolada, tiene que ir entonces a vivir a la casa de su padre, donde recibe un falso apoyo, pues es dejada en un dormitorio sola del que no salía ni siquiera para comer. Días después, Yalil y sus esposas deciden casar a Mariam con un viudo 30 años mayor que ella, Rashid, un zapatero de clase media procedente de Kabul, la capital de Afganistán. A pesar de la oposición y el rechazo de Mariam en casarse, bajo amenazas de su futuro, Yalil y sus esposas obligan a Mariam contraer matrimonio e irse a vivir con su nuevo marido Rashid a la capital afgana. Antes de partir definitivamente de Herat, Mariam le pide a su padre que jamás vuelva a visitarla y le advierte que, desde ese momento, jamás podría reconocerle como padre.

Ya en Kabul, Mariam empieza a adaptarse a su nueva vida de casada junto a un hombre al que apenas conoce. En un primer momento, Rashid se muestra amable con ella y le deja tiempo para que se acostumbre a la situación, ya que ella no se podía mover de la cama por la tristeza de las tragedias recientes, pero rápidamente le hace entender que tiene que ejercer su papel de esposa y tiene que empezar a hacer las tareas de la casa y a cocinar, porque no iba a mantener una mujer que no sirviera.  Mariam supo que del anterior matrimonio de Rashid había nacido un niño que se ahogó en un trágico accidente; por ello, está entusiasmado con la idea de volver a tener otro hijo, lo que preocupa a Mariam por perder su virginidad, una experiencia desagradable para ella. Aunque Mariam queda pronto embarazada y Rashid actúa con condescendencia hacia ella, creyendo por un momento que sería feliz con ese hombre, empieza con los abortos espontáneos, su relación con Rashid da un giro drástico; este deja de ser cordial con ella, la maltrata física y psicológicamente.  En cuatro años que han pasado de la pérdida de ese hijo Mariam tuvo siete embarazos fallidos, y por cada uno Rashid actúa peor con ella, hasta la fatídica noche en Rashid le pareció que el arroz preparado por ella está muy duro, obligándola a masticar entonces piedras hasta que escupe sus dientes y sangre. 

Presentación de Laila

Laila es una niña preciosa que vive en la misma calle de Rashid y Mariam. Sus padres provienen de la región de Tajik: Hakim Padre de Laila, es un hombre abierto de mentalidad, profesor en la escuela, y Fariba, su madre, tiene otros dos hijos varones, Ahmad y Nur (hermanos de Laila). Hakim está volcado con la educación de su hija y espera que algún día esta pueda hacer algo por su país cuando sea mayor, aunque enfrenta los prejuicios de la sociedad afgana, ya que consideran que la actitud de Hakim con su hija indica debilidad e irrespeto al rol que debe tener la mujer.

Cuando Laila tenía dos años, sus hermanos partieron hacia Panyshir para unirse a los muyahidín y luchar contra la ocupación soviética de Afganistán. Laila apenas los recuerda, pero la obsesión de su madre con ellos hace que Laila siempre los tenga presentes. Fariba parece olvidarse de que tiene otra hija y sólo piensa en sus dos hijos para los que hace planes continuamente. La única compañía que tiene Laila es su amigo Tariq, alguien de quien los chicos del barrio se mofan porque perdió una pierna por culpa de una mina.

Un día, Fariba la mamá de Layla recibe la terrible noticia de que sus dos hijos, Ahmad y Nur, se habían convertido en shahid o mártires de la guerra; ya no volverá a ser capaz de reponerse de esa pérdida. Mientras tanto, la relación de Laila y Tariq se afianza cada vez más y se enamoran perdidamente el uno del otro mientras crecen.

Tras la victoria de los muyahidín, la guerra civil llega a Afganistán y Kabul comienza a ser bombardeado. El padre de Layla planea un viaje hacia Los Budas de Bāmiyān con su hija Layla y Tariq, para demostrarles que Afganistán es un país hermoso que se ha perdido en la guerra, y que independientemente de lo que suceda, nunca dejen de estudiar y luchar por una Afganistan mejor. Le hace saber a Layla que es la única persona que tiene.

  Una de las amigas del colegio de Laila falleció tras un ataque contra civiles en el que miles de casas quedaron destruidas. Ante esta situación, la familia de Tariq decide abandonar Kabul y Laila se siente abatida por la inminente separación que les depara esta decisión. Sin embargo, Tariq quiere estar junto a Laila y le pide matrimonio para que puedan escapar los dos juntos, pero Laila se ve obligada a rechazar su propuesta porque considera que ella es la única esperanza que les queda a sus padres para seguir adelante y no puede abandonarlos, sobre todo a su padre. Esa misma noche se despiden después de haber experimentado por primera vez el amor en casa de Laila, a los 14 años de edad.

Diecisiete días después de que Tariq se hubiera ido y, a consecuencia de la enfermedad de Fariba, la familia de Laila también decide abandonar Kabul e ir a un lugar más seguro. Laila está entusiasmada con la idea de volver a ver a Tariq en algún lugar del mundo, sin embargo, su sueño se ve frustrado cuando un misil alcanza su casa y la destruye por completo. Laila casi muerta ve una imagen borrosa de una mujer socorriendola junto a su marido, es Mariam y Rashid, aunque queda viva, pierde a sus padres por culpa del bombardeo.

Rashid acoge en su casa a Laila y entre Mariam y él logran curarle las heridas; pocos días después, este queda encantado por la belleza de Laila y pregunta si era esposa de Tariq o si ya la había desflorado. A las semanas, Mariam le anuncia a Laila la visita de un hombre que dice haber conocido a Tariq. El visitante, que se hace llamar Abdul Sharif, le explica a Laila que Tariq y él fueron compañeros de cuarto en el hospital, y Tariq sufrió el ataque de un misil. Le habló de Laila y le hizo prometer que si pasaba por Kabul debía contarle sobre Tariq y que él extrañaba a Laila. Lamentablemente, Tariq no aguanta las heridas y muere valientemente en el hospital, dando todo su esfuerzo por sobrevivir. Cuando se entera de esta información Laila queda destrozada, sin motivo para vivir piensa quitarse la vida pero descubre que espera un bebé de Tariq, lo que le devuelve parte de sus esperanzas y quiere cuidar de lo único que quedó de su primer amor.

 Entretanto, Rashid le ofrece la posibilidad de casarse con él para tener un hogar. Laila acepta su proposición al instante y desea de una vez consumar el matrimonio, no porque quiera, la sociedad afgana estaba dominada por los talibanes, por lo que una mujer soltera y peor aun, embarazada, era un riesgo mortal para sobrevivir, decide entonces hacer pasar a su futuro bebé por hijo de Rashid.

En un primer momento, Mariam no soporta la situación que está viviendo en su propia casa. Ella no pudo tener hijos y la presencia de la joven y guapa Laila hace que el trato de Rashid hacia Mariam sea peor. Rashid, tras enterarse del embarazo de Laila, comienza a tratarla como una malika (reina) y a Mariam como una esclava que debe cumplir sus órdenes y las necesidades de Laila, las tensiones entre Mariam y Laila son terribles, hasta el punto de insultarse y casi llegar a pelear. Laila evita tener relaciones sexuales con Rashid, con muchos pretextos e inteligencia logra que Rashid no se acueste con ello, sin embargo, Rashid cree que es Mariam la que esta detras de que su nueva esposa no quiera tener relaciones sexuales, por lo que es golpeada sin cesar por Rashid, Layla indignada, propone a Rashid tener relaciones sexuales con tal de que deje de golpear a Mariam; en este punto Mariam y Laila se concilian y se van uniendo en el mundo hostil en el que viven. Cuando Laila da a luz a una niña, Rashid se vuelve terco y abandona la cordialidad con la que había tratado a su segunda esposa por parir una hembra, el trato de reina se había acabado.

Aziza, el bebé de Laila, siente desde el primer día el rechazo de su supuesto padre. Es entonces cuando Mariam y Laila se hermanan para toda la vida. Una vez dejadas atrás las hostilidades, se convierten en confidentes la una de la otra y se vuelven tan inseparables como una madre de su propia hija, en un momento dado, Aziza le da muestra de afecto a Mariam, y esta rompe en llanto, ya que fue la primera vez en su vida que sintió que la querían.

 Laila le confiesa a Mariam que estaba planeando escaparse y que tenía unas monedas ahorradas que había conseguido quitarle a Rashid con el pasar del tiempo, lo suficiente para llegar a la frontera, con mucho miedo las dos deciden huir del yugo al que están sometidas. Ambas huyen hacia Peshawar, en Pakistán, En el bus ninguna mujer puede viajar si no está acompañada, por lo que requieren que un hombre las apoyara diciendo que era un familiar de ellas, al sujeto que piden ayuda las traiciona y delata ante las fuerzas talibanes; tras ser detenidas, son devueltas a la casa de Rashid que las esperaba furioso. Amenazando de muerte, maltrata a las dos mujeres y a la niña, y las recluye en diferentes habitaciones sin alimentos, ni agua durante varios días después de la paliza. La idea de una vida libre se fugaba, y comenzaban los peores tiempos para Laila y Mariam.

Unos años más tarde, Laila vuelve a quedarse embarazada de Rashid. Esta vez será un varón, al que llama Zalmai, quien, desde el primer momento, acapara todas las miradas de su padre. En esa misma época, los talibán se asientan en el poder en Afganistán y todo queda manipulado por sus fuerzas; prohíben la televisión, las películas y los libros, excepto el Corán. Las mujeres no pueden trabajar, ni llevar la ropa que deseen, ni pintarse las uñas, etc., y se ven relegadas a un plano que apenas existe en la sociedad. Desde ese momento, la asistencia médica a las mujeres es inexistente y, cuando llega la hora de que Laila dé a luz, las condiciones son infrahumanas; el parto se lleva a cabo mediante una cesárea que Laila tiene que sufrir sin anestesia porque el hospital no tenía. Sin embargo, a Rashid parece no importarle, ya que, para él, el nacimiento de Zalmai es un sueño hecho realidad. 

 Después del nacimiento de Zalmai, una sequía se extiende sobre Afganistán y el hambre y la escasez de alimentos se hacen patentes entre la población. Además, la zapatería de Rashid se incendia y la familia queda sumida en la miseria. Ante esta situación, Rashid decide internar a Aziza en un orfanato para tener menos gastos. Laila protesta desconsoladamente pero es incapaz de evitarlo ante la amenaza de Rashid de decir que Aziza es fruto de una aventura de Laila, una acción castigada por la muerte tanto de la niña y como de la madre; por lo que tiene que resignarse y conformarse con intentar visitar regularmente a su hija. Sin embargo, la presencia de los talibanes en las calles de Kabul dificulta las salidas de Laila, ya que, cada vez que sale sin la compañía de un hombre a la calle, estos la detienen, la maltratan y la devuelven con su marido, para nuevamente recibir una paliza por las salidas.

Un día, Laila recibe la visita de un hombre mientras Rashid está trabajando. Laila reconoce de inmediato a ese hombre, levemente cojo: es Tariq. La historia de su muerte no había sido más que una artimaña de Rashid para hacer creer a Laila que el amor de su vida había fallecido, que sin familiares vivos o alguien que la recuerde, tendría que a juro aceptar la propuesta. Ahora Tariq vive en Rawalpindi, después de haber presenciado la muerte de sus padres y de haber sufrido unos años encerrado en la cárcel por tráfico de drogas, trabaja en un hotel modestamente, pensando siempre en el amor de su vida. Laila le habla de su hija Aziza, de cómo Rashid la mantiene en un orfanato, y le pide que regrese al día siguiente para poder ir a conocerla. Ese mismo día, Zalmai le cuenta, inocentemente, a su padre que habían recibido la visita de un señor cojo. Rashid ve que su mentira es descubierta y enfadado por la situación golpea brutalmente a Laila con el cinturón, mientras le confiesa que siempre supo que Aziza era una harami, no había escapatoria para el destino de Laila. que no fuera la muerte. Una vez en el suelo, intenta estrangularla y asesinarla, pero Mariam enfrentando sus miedos, le asesta un golpe en la cabeza con una pala, matando a Rashid y dando fin al hombre que la atormentó y maltrato toda su vida.

Cuando Laila recupera la consciencia, ve a Rashid sin vida en el suelo; Mariam le pide que huya con Tariq, Zalmai y Aziza y que abandonen Kabul. Mariam no puede irse porque si encuentran el cadáver de Rashid, los talibanes perseguirán a las dos mujeres durante el resto de sus vidas, por lo que decide sacrificarse por las personas que le hicieron conocer sobre qué es el amor, la amistad y el cariño, que pese ante una situación de tanto extremo, se puede ser feliz. Laila, muy a su pesar, escapa hacia Pakistán, donde finalmente se casa con Tariq y cría a sus hijos. Mariam, por su parte, decide entregarse a los talibanes, confiesa el crimen y cuando es juzgada, no vale ninguna defensa o maltrato que Rashid le haya hecho, es condenada a ser ejecutada en público por su acto. 

La luz al final del tunel

En 2003, casi dos años después de la caída de los talibanes a manos de las fuerzas estadounidenses, Laila y Tariq deciden volver a Afganistán, aunque la situación no sea estable. Primero hacen una parada en Herat, el pueblo donde Mariam creció y encuentran un paquete que Yalil, el padre de Mariam, había dejado allí años atrás con el ulema Faizulá. Dentro del paquete había una fuerte suma de dinero, una cinta de vídeo con la película de Pinocho y una carta en la que explicaba lo arrepentido que estaba por haber hecho que se casara con un hombre al que no amaba. Laila y Tariq vuelven a Kabul y ayudan a restaurar el orfanato gracias al dinero de la herencia de Mariam. Laila se convierte en la maestra cumpliendo la promesa que le hizo a su padre, y reconstruyendo los valores y la educación que se había perdido hace años, vuelve a quedar embarazada también. En la escena final, la familia elige nombres de varón, dando a entender que si el futuro bebé es una niña, llevará el de Mariam, su hermana que falleció por darles una oportunidad de vivir.

El destino de algunas mujeres

El feminismo es un debate que apasiona y ha creado acaloradas disputas entre los géneros, argumentos han sobrado y teorías sobre el funcionamiento del que se debe hacer aún más.   El feminismo entró de lleno en la trama política, y como consecuencia abandonó los ideales y los objetivos por el que en un comienzo se habían fundado, si no fuera así ¿Por qué es más importante al discutir la cantidad abarrotada de tendencias de género, y no sobre los castigos inhumanos que mujeres están enfrentando diariamente en Afganistán y otras regiones? No valdría la pena una verdadera discusión, un verdadero debate y reivindicación sobre lo que en verdad se debería estar luchando. 

La cantidad de restricciones hacia la mujer en Afganistán rozan lo absurdo, una completa insensatez qué regiones del mundo todavía con los avances que hemos hecho vivan con ese nivel de despotismo. Mariam se nos presenta como la víctima principal de este sistema, conociendo la felicidad y la esperanza en un tramo muy avanzado de edad, a través de personas que meramente llegan de casualidad y que por supuesto por los azares de la región, una tragedia. La primera vez que Mariam logra ver un futuro digno y emocionante en su vida, dispuesta a combatir el régimen que la somete, no viene de una inspiración individual, sino de la unión, la amistad y la reciprocidad del amor. El destino de una vida plena siempre estará entrelazado por los valores más puro que ofrece el género humano.

Laila, a diferencia de Mariam creció en un entorno dispuesto a enfrentar los prejuicios, los castigos y la exclusión con tal de defender los principios que su padre (un hombre culto) ha descubierto leyendo y conociendo sobre otras culturas. La razón y la fe inquebrantable de Laila a no solo a batallar las restricciones del regimen taliban y el de Rashid, inclusive el de proteger y sacrificar su vida por la de Mariam. No solo es la inteligencia y el instinto de supervivencia nato de Layla la que la lleva a tomar decisiones, es el ideal de su padre fallecido por una bomba la que impulsa pese a las contrariedades a exigir una mejor vida. 

hay una diferencia, entre las mujeres que hoy representan lo que Mariam y Layla son para reivindicar un género que por muchos siglos ha sido sujeto a la injusticia, los focos de luchas están en otros lados, y donde se debe de hacer eco pareciera que no formará resistencia de algo tan desaforado. Los enemigos de la injusticia no son los hombres, ni tampoco las mujeres que hoy están en desacuerdo con las políticas aplicadas para difundir la universalidad que es la mujer para el mundo; no han logrado incluir los sectores de la sociedad, no por culpa de la indiferencia o la maldad de las personas como algunos quieren difundir, ha sido en todo momento un movimiento usado para fines completamente ajenos.

No significa que el feminismo ha perdido valor, o que su lucha sea una capricho de un grupo de personas, es una lucha fracturada por los intereses, desenfocada por la defensa en cuestiones que no tienen relevancia alguna. El mundo todavía tiene focos de maldad primitivos, es indispensable la unión como la de Mariam y Laila para lograr los objetivos de una sociedad equitativa e inclusiva en el respeto colectivo. La inclusión es una palabra que queda muy grande para los usos que se le están dando, no es inclusión un determinado grupo de preferencias sexuales, o la tonalidad de piel cual persona habita. La inclusión siempre será un debate de ideas con el fin de ofrecer oportunidades a sectores que fueron perjudicados y en el que todos, absolutamente todos estemos de acuerdo.

El feminismo está presente donde ya no hace falta, debe llegar a los sitios como los nombrados en el libro. La generalización que hemos estado haciendo tanto del lado lobbista como el ala conservadora, permite el sufrimiento de personas como Mariam y Layla, necesarias para el mañana, aplacadas por el abandono. Los humanos cometemos errores, pero hoy la consciencia está mejor que antes, y particularmente vemos el surgimiento de una generación más consciente y menos simpática, dispuesta a ir y buscar un mundo empático.  

“ Los cimientos de la sociedad se originan por la vinculo entre la mujer y el hombre, al nacer, el primer momento de nuestra existencia es el sentimiento mas puro que nos presenta nuestra especie, el amor de nuestros padres. Curiosamente, hoy hay una discusión abierta sobre aislar esta estructura primordial de nosotros. El lazo entre el hombre y la mujer generan cambios y serán siempre proporcionalmente mayores, si esta unión de hecho es mas estable”

José M. León

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