La esperanza humana, La Peste de Albert Camus

Cuando leemos la palabra “peste” seguramente pensamos en aspectos como la enfermedad, el dolor y el confinamiento, lo que nos lleva a recordar lo vivido pocos años atrás con el covid-19, de hecho, el covid-19 fue el punto de partida del nuevo mundo en el que vivimos, resaltando la voluntad y el compromiso de la ciudadanía en enfrentar las adversidades de vez en cuando, y otras veces, la manifestación de los actos más egoístas y repulsivos de nuestra condición. 

La peste de Albert Camus narró lo que muchos años después nos sucedió, sin embargo, la diferencia entre el pueblo Oranés y nosotros ha sido abismal por el momento. Las reflexiones del Doctor Rieux siendo uno de los ciudadanos más afectados por la pandemia, en los tramos concluyentes del libro, podrían sentenciar la fortaleza del pueblo de Oran entre de la tempestad y la muerte “En el hombre hay más cosas por las que admirar que despreciar”.

El repaso de los principales héroes de la tragedia son simples ciudadanos que no solo enfrentan la muerte; es una lucha del espíritu de una sociedad que aprender a quererse y unirse, reuniendo la voluntad de ladrones o cobardes, el compromiso de extranjeros o escépticos y constantemente colaborando por el bien común, a pesar de que la muerte acecha con suma intensidad.  

 Es justo considerar y preguntar ¿Fuimos héroes o ciudadanos que demostramos ejemplo de empatía y solidaridad? Claramente, hoy por hoy no podemos presumir de un compromiso hacia el mundo o a la patria como de pronto Rieux lo hizo junto a sus amigos, si bien un factor que no hemos tomado en cuenta y que el Dr. Rieux no tuvo que lidiar, fue la falta de libertad y la poca movilización de acción del gobierno; con ello las acciones de los conciudadanos abrieron la brecha de la voluntad, sirviéndonos para reflexionar si realmente es que nos faltó resiliencia y compromiso o fue más allá.

Resumen

El narrador del libro presenta la ciudad y el motivo por el que lo escribe, siendo un testigo importante dentro de una enfermedad que azotó a la ciudad, y como esta cambió por completo a los ciudadanos. La ciudad que es Orán, se describe como una ciudad fea en realidad, con un puerto gigante, lo que hace que abunde el comercio y las actividades como la playa, las cafeterías y el amar con intensidad, una ciudad muy parecida a otras, monótonas con la búsqueda de la riqueza. El Dr. Rieux un día se encuentra saliendo de su apartamento, mientras bajaba las escaleras se encuentra con una rata tiesa y botando sangre espumosa por la boca, El Dr. Rieux le comenta al portero del edificio, pero este le asegura que no hay ratas en el edificio que debe ser una broma.

Al día siguiente, el Dr. Rieux encuentra 3 ratas más en el edificio, por lo que el portero decide hacer una vigilancia extrema para encontrar el culpable. El Dr. Rieux es alguien con un sentido de racionalidad alto, y se dedica a su trabajo como doctor disciplinadamente. Su esposa se encuentra muy enferma, por lo que decide sacarla de la ciudad a un lugar mejor para su recuperación. El día tenía algo distinto a la monotonía al que la ciudad está acostumbrada, decenas de ratas salían por todos lados para morir a la luz del sol, la ciudad estaba teniendo un exterminio de los roedores.  Ese mismo día un periodista extranjero llega a entrevistar al Dr. Rieux, su nombre es Rambert, el Dr. Rieux no le puede dar mucha información, pero sí necesita escribir sobre algo, que sean de las ratas. 

El exterminio de las ratas dejó plagada la ciudad de roedores muertos, y el ayuntamiento tuvo que aplicar unas políticas de limpieza fuertes, hasta que un día simplemente dejaron de salir. El Dr. Rieux le llamaba la atención lo sucedido, pero una notificación de la esposa del portero lo hizo correr. El hombre se encontraba con fiebres altas y desorientado, además unas úlceras estaban saliendo por todo el cuerpo. El Dr. Rieux trató de hacer todo lo posible, pero súbitamente el portero de su edificio dejó de respirar; la primera víctima del fin de la paz de la ciudad. 

El Dr. Rieux no sabía a la lucha que iba a enfrentarse, pero la palabra peste o epidemia aún no formaba parte del colectivo. Una notificación de la comisaría hizo que el Dr. Rieux acudiera, un hombre llamado Cottard se intentó suicidar, pero fue salvado por su vecino Joseph Grand, personajes que serán importantes más adelante.

 Los colegas del Dr. Rieux llamaron a una reunión de urgencia, varios doctores estaban atendiendo enfermos con los mismos síntomas que tuvo el portero del Dr. Rieux. El gremio discutía cómo combatir esta nueva enfermedad, el Dr. Rieux sabía entonces de que se trataba, como todos los médicos de la ciudad, solo que nadie tenía el valor de decirlo. De un momento a otro, la cantidad de muertos subió de golpe, por lo que se declaró el estado de alarma, y se cerraron las entradas y salidas de la ciudad. 

Al comienzo la ciudad se tomó a la ligera la noticia, también el ayuntamiento para evitar el pánico. Los amantes pensaban en solo semanas de alejamiento y los negocios pensaban ya en sacar provecho de la situación, solo el Dr. Rieux con su conocimiento en la cantidad de enfermos y muertos que ya tenía la ciudad, era cuestión de tiempo para una aniquilación completa de la ciudad. Tarrou, un forastero culto que se quedó varado en Oran, creó una amistad con el Dr. Rieux, este estaba igual de informado sobre las muertes y la cantidad de enfermos, por lo que se pone a la orden con él para cualquier ayuda. 

Un día fallecieron la cantidad de muertos suficientes, que tuvieron que forzar a la cuarentena, de allí en adelante los ciudadanos se dieron cuenta de la delicada situación en la que estaban. El caos se esparcía como el virus, el pánico conllevo la ruina económica. El ayuntamiento estaba haciendo frente a una situación donde muchas cosas se le escapaban de las manos. En una oportunidad el periodista Rambert se le acercó al Dr. Rieux en busca de su ayuda, quería escapar de la ciudad, ya que no pertenece a Orán y tenía una amada que lo esperaba en París; el Dr. Rieux no tenía ninguna alternativa para ofrecerle. En los otros lados de la ciudad, Rambert a diferencia de los demás ciudadanos, se encontraba a gusto con la situación, puesto que la policía estaba muy distraída con mantener el control fronterizo y de orden, por lo que manejaba negocios que le dejaban grandes sumas de dinero libremente, en cambio, su vecino Joseph Grand, un funcionario muy nervioso y extraño para algunos, decía que estaba escribiendo un libro perfecto, aunque solo tenía el primer párrafo, que cambiaba constantemente en busca de la perfección. Joseph Grand y Cottard algunas veces chocaban con el Dr. Rieux, conversaban y poco a poco creaban una amistad. 

Los ciudadanos de Oran buscaban un remedio para la crisis espiritual que los azotaba, muchos empezaron a los sermones del padre Paneloux, este les decía a sus oyentes: La peste es un castigo de Dios por el abandono hacia él, la peste es el camino para la purificación.

El Dr. Rieux noto las transformaciones de la ciudad con pesar; desde su perspectiva, el desespero y la incertidumbre eran peor que la peste, anteriormente cuando se llegaba a atender a los enfermos, los familiares se aliviaban de que llegara el doctor, ahora los familiares se peleaban contra la policía que lo acompañaban, primera razón porque sabían de qué el familiar tenía una muerte segura, y segunda razón que los familiares tenían que ser aislados por haber estado tan cerca de los enfermos, otros también porque creían que el Dr. Rieux se llevaría el cuerpo para experimentar con él.

Otras situaciones se presentaron cuando la cantidad de muertos llegó a ser tan alta, al comienzo se enterraban en los cementerios y se hacía un pequeño velorio para ser enterrado en brevedad; el cementerio llegó al colapso por lo que se decidió quemar los cuerpos, pero a la hora de quemarlos, los ciudadanos temían que las cenizas que volaron con el viento pudieran traer la peste, se optó por apilarlos en una fosa común y rociarlos con cal. 

Se presentaron situaciones que sobrepasaban la autoridad, muchas veces ciertos edificios de la ciudad eran quemados para posteriormente ser saqueados por los ciudadanos, la autoridad no tenía otro remedio que colocar un toque de queda. La escasez de todo llevaba a constante apagones y poca gasolina para poder actuar. Muchos ciudadanos se dieron a la muerte y la anarquía, El Dr. Rieux estaba colapsado de trabajo y cansado. Las esperanzas de que la ciudad sobreviviera eran difíciles, sobre todo por los estudios de Rieux de la peste, donde muchos ciudadanos fueron falleciendo hasta no quedar ninguno, pero la esperanza humana a veces es un arma que logra grandes cosas.

Tarrou que ya llevaba tiempo ayudando al Dr. Rieux, este le comentaba que por la falta de personal sanitario, se empezara a comunicar un voluntariado de ciudadanos que quieran combatir la peste. El Dr. Rieux creía que nadie fuera lo suficientemente humano para aceptar ser voluntario, no había un incentivo económico y las probabilidades de contagiarse eran mucho más altas. Lo curioso fue que los ciudadanos ofrecieron desinteresadamente su apoyo contra la peste, y los motivos de algunos iban por deber ciudadano, o creer que era la vida contra la muerte.

El equipo del Dr. Rieux lo formaban Tarrou, Joseph Grand, Cottard y Rambert. Tarrou tenía documentado la ciudad de Oran, y quería estar en el primer plano de la batalla de la vida, Joseph Grand con toda su rareza y ser alguien tímido, demostró ser uno de los hombres más importantes contra la lucha de la peste, la dedicación dada por alguien que no tenía nada que ganar. Rambert pese a ser extranjero y que siempre su objetivo fue huir de la ciudad, decide sacrificar su vida por el bien de una ciudad de la que siente admiración. 

El equipo del Dr. Rieux hizo todo lo posible por ayudar, hasta el mismo padre Paneloux se puso en el voluntariado, aun así, la peste tenía una ventaja a la hora de decidir el destino de Orán, porque ya la peste pareciera que arrasaría con todo. 

En el momento de mayor tensión, la peste había llegado a las personas más cercanas del Dr. Rieux, el padre Paneloux había muerto y uno de sus amigos estaba tan enfermo que se esperaba lo peor, el hijo del alcalde, un niño de 12 años contrajo la peste, El Dr. Rieux decidió aplicar en el niño un nuevo suero que un colega llevaba trabajando meses. El caso es que solo le alargo el sufrimiento al niño, ya que no murió en los tiempos que solían durar los enfermos, solo se alargó su agonía hasta fallecer. El Dr. Rieux se sintió terrible por la situación, pero el alcalde lo consoló sabiendo que hizo lo mejor que pudo, para consecuentemente ir a la zona de aislamiento

El suceso del hijo del alcalde, creyó en el Dr. Rieux en el fin, pero extrañamente uno de sus amigos se curó de la peste. Los enfermos poco a poco se recuperaban y las gráficas de muertos o infestados bajaban constantemente, el Dr. Rieux después de un año de combate, vio un nuevo amanecer.

Lo triste para el Dr. Rieux es que su amada esposa falleció, y su amigo cercano (Tarrou) fallece como una de las últimas víctimas de la peste. Pese a la soledad que enfrenta el Dr. Riuex, y todo lo que perdió en la lucha contra la peste, determina que la humanidad tiene cosas impresionantes. Como testigo y uno de los principales personajes de este suceso, no es otro más que el Dr. Riuex quien intenta narrar los hechos de Oran, como un tomo fiel a que en lo absurdo que es la humanidad, o los actos malévolos que tiene, tiene un horizonte de esperanza cuando hace el bien. 

La Esperanza Humana

Rieux haciendo ejercicio como uno de los testigos de mayor relevancia sobre la peste, retrata con un pragmatismo sincero y de profesión, una visión de lo que sucede en Orán, aferrándose con esfuerzo a narrar los hechos desde una perspectiva sin sentimientos y objetiva, pero que en síntesis refleja que cuando se lucha por la supervivencia de la humanidad, nunca se sobrevive si no florece el compañerismo ciudadano, el desinterés y la empatía. No hay vida si no la proteges; noblemente profesiones tan distinguidas en una ciudad, en la que cada una amolda su existencia según la experiencia lo dicta, deja claro un mensaje profundo en que los ciudadanos al fin y al cabo son los dueños de su libertad y del cómo se quiere vivir, y ni la peste puede ser un rival ante la esperanza, solo vencemos la peste, si la peste logra la desunión de los ciudadanos.

El covid ha dejado de afectarnos, la peste se ha ido, pero su bacteria que por los siglos ha encerrado poblaciones, provocado el aislamiento y el miedo una rutina natural, ha infestado nuestra sociedad peor que antes, solo que ya no es un problema de salubridad, es un problema político y de consciencia. 

Destaca en el libro que si bien Orán no presumía de un sistema gubernamental extraordinario, el estado cumplió en su mayoría lo que se debe hacer bajo circunstancias como las que sitiaron Oran por el año de pandemia, una política en un comienzo floja, pero que en el transcurso de la novela y siguiendo las recomendaciones y la aplicación correcta del uso de sus facultades, Oran vuelve golpeada pero resurgida, la sensación de un nuevo amanecer. Hoy en día, y después del covid-19 a diferencia de Oran si la comparamos con el mundo entero, nosotros los ciudadanos aún combatimos la peste, que ha traspasado nuestras defensas por mantener la libertad, y ha logrado dividirnos en una lucha por el poder de la verdad, hemos perdido lo más importante “la solidaridad entre nosotros y el tener consciencia de lo correcto”. 

Divididos en facciones que comenzaron siendo ideológicas, ahora no hay un rumbo claro que logre el bienestar del conglomerado, los gobiernos han dejado escapar su suciedad y nosotros los ciudadanos hemos normalizado el abuso, porque hemos dejado de ser protagonista de nuestra vida. Cada vez hay una mayor restricción y lo que es peor, ya no hay un covid que de pretexto a los abusos y la pérdida de decisión.   

Pareciera entonces que estamos destinados al desastre, un desastre que se acerca a pasos agigantados frente a la indiferencia con la que respondemos nosotros los ciudadanos, sin embargo, al igual que Rieux ante el fallecimiento del hijo del alcalde por la peste, o la muy baja probabilidad de que su amigo sobreviviera, la determinación por el cambio de los acontecimientos comienza siempre por un anhelo que se transforma en acción, que de manera similar a la peste, invade con brío la fortaleza de los hombres y logra quebrar las cadenas antes puestas, recuperando lo perdido e infestando una fuerza arrolladora de ilusión, un futuro incierto y riesgoso, pero digno de vivir y esperanzador.

La peste fue escrita en un momento en el que Francia estaba invadida por los nazis, haciendo alusión de que la peste, al fin y al cabo, no solo tiene que ser una enfermedad, también lo es el autoritarismo y el poder sin legitimación. La pérdida de las libertades, el control poblacional y la falta de desplazamiento es igual de mortal, es una lucha contra la muerte y la desesperación. A día de hoy se ve por fin una consciencia más clara de lo que estamos enfrentando. Hoy, a un ritmo lento, pero firme, hemos estado plantando cara frente a los abusos, si bien, parece lejana una victoria de la humanidad contra el mal, la determinación para el cambio ya es un hecho inevitable.

“ De las aptitudes más notables del humano, con cierto grado de ironía, es que cuando su extinción parece un hecho consolidado, llegamos no solo a un acuerdo por la supervivencia, paralelamente gestamos también los tiempos más prósperos y triunfantes de los que se tiene memoria”.

José M. León

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