El viejo y el Mar (Resumen) La Última Batalla

La última batalla de la vida es la representación de una de las novelas más importantes del laureado escritor norteamericano Ernest Hemingway, corta y sencilla, con un vocabulario entendible, nos trae a la mente que una historia, por humilde que sea, provoca un amor por el arte de la escritura. Ernest Hemingway, un hombre de aventuras y conocedor del mundo, se encontraba en una cruzada de fama decadente, dejaba de ser aquel laureado periodista que estuvo en el frente de la guerra civil española, y se le juzgaba por no traer una nueva idea. Posiblemente, se creía un retiro; hasta que en sus experiencias viviendo en Cuba nos trae un relato solitario sobre la vida, la soledad y el nuevo amanecer.

Los análisis de “El Viejo y el Mar”, son detallados, y sin duda no dejan indiferente a nadie. El viejo, personaje principal y casi único en la novela, confronta su destino como pescador y ser humano hacia el olvido, la vejez es una carga grande para una vida que no quiere ceder a su final, y que por azares del destino proponen el reto más importante de su existencia. La experiencia, las reflexiones y la tenacidad de un hombre conocedor que debe dejar paso a la juventud, forman una sosegada aventura que no solo es pescar el pez más grande visto que haya visto.

Un llamado a la perseverancia y la aceptación de las etapas de la vida, la confrontación de nuestros mayores miedos y la desilusión presente, pero palpable en nuestro porvenir.

Resumen

El viejo es un pescador que está viviendo una mala racha, lleva una larga racha de días sin pescar nada. Lo acompañaba el muchacho, alguien que desde los 5 años va con él a pescar, pero la mala racha del viejo hace que los padres del muchacho lo obliguen a pescar con otra persona. El día 84 sin pescar, llega el viejo sin ningún pez, este se reúne con el muchacho, el cual se encarga de algunos gastos del Viejo, y lo invita a tomar, el viejo lo toma como que el muchacho ya es un hombre; este le promete pescar con el algún día con él, y le pide perdón por haberlo dejado.

El viejo es fanático del béisbol y vive en una choza casi sin ningún bien, desde el fallecimiento de su esposa vive sobre todo en el mar, usando sus pantalones como almohada. Por la vejez duerme poco, y en general si sueña es sobre su pasado.

El día 85 el viejo y el muchacho se ven antes de zarpar, como el muchacho no lo acompaña, este le desea suerte y que ya va a aparecer un pez. El viejo toma su bote y zarpa antes que amanezca.

Por la experiencia, decide alejarse de donde están pescando la mayoría, por lo que se aleja considerablemente de la costa. Al cabo de unas horas y haber pescado unos cuantos cebos, la caña de pescar suena y el Viejo se pone manos a la obra. 

Al forcejar con el animal se da cuenta de que es un pez muy grande, usa sus métodos para que se asome a la superficie, resulta que es el pez más grande que el haya visto. El viejo se da cuenta de que si quiere pescar al pez debe ingeniárselas, solo está él y algunas herramientas, por lo que el Viejo opta por la perseverancia para cansarlo.

La lucha con el pez lo lleva a pasar 3 días y 3 noches en el mar, la batalla se basa en desgastar al otro lo más que se pueda, por un lado, el viejo, su cuerpo está cansado y herido por varios intentos por capturarlo, la falta de agua y alimento (le toca comer pescado crudo) más el sueño, son recurrentes en el Viejo. El pez simplemente por su naturaleza solo se aferra a sobrevivir.

El viejo y el pez se unen en lo que será la última aventura, el respeto de ambos por su fuerza y el dolor de que cualquiera de los dos pueda morir. El viejo pasa las horas reflexionando sobre su vida, sobre el muchacho y algunas glorias pasadas, como cuando venció al guerrero más fuerte de la región en pulsadas. El viejo se da cuenta de que la captura del pez no es por motivos económicos (para él nadie es digno de su carne) es la última oportunidad que le da su vida para redimirse a su oficio.

El día 3 al mediodía el pez cae en la tentación de subir por el cansancio, el Viejo aprovecha de clavarle una lanza para matarlo, la batalla había terminado. El pez era mucho más grande que el bote, por lo que el Viejo decide colocarlo al costado del bote, el problema es que se encontraba muy lejos de casa y el arponazo al pez hacía fluir sangre del animal.

Al cabo de un rato, la primera aleta de tiburón se asomaba, si el Viejo quería devolverse a casa con un premio debía combatirlos, pero no tenía más que el arpón para atacarlos, por lo que debía esperar a que se acercaran al bote para matarlos. El primer tiburón, al dar el mordisco al pez, muere de un arponazo, no sin antes llevarse una parte del pez, el segundo vuelve a hacer el mismo plan, pero el viejo al clavarle el arpón, el tiburón se lo lleva al fondo del mar. El viejo no tiene más remedio que pegarles con los remos, recordando que en otro tiempo podía con su fuerza matarlos de un solo golpe en la cabeza.

El problema fue que la sangre atrajo muchos tiburones, pese a que mato a varios, no son suficientes y terminan por comerse al pez completo, el Viejo les escupe y les grita que “han matado a un hombre”. En su molestia siente un sabor metálico en la boca muy extraño, y los dolores que por la lucha estaban escondidos salían a flote.

Llega a la orilla en la madrugada, nadie está despierto, por lo que decide encallar su bote e irse a su casa. El Viejo Duerme todo el día, mientras los pescadores y algunos turistas se impresiona de la espina dorsal que está al costado del bote del viejo. El joven va a la casa del Viejo, avisando que lo tenía muy preocupado y que hubo hasta aviones buscando, el viejo está muy débil y el muchacho se preocupa, llora al verlo dormido y le promete que saldrá a pescar con él. El libro termina con el viejo soñando con leones en las orillas de la playa.

La Última Batalla

El viejo cae en un abismo hacia la muerte desde que llega a tierra firme, un sabor metálico en su boca y la tristeza de que la ardua batalla contra el pez no será celebrada, terminan por rendir un espíritu apasionado por la pesca, siendo testigo el muchacho que mira con admiración y cariño la última batalla del viejo. No es un final triste, solo es al fin y al cabo el final de los tiempos.

La vida da al Viejo al mayor reto que puede enfrentar, la caza del pez más grande que haya visto en su vida, solo y sin muchas herramientas que lo apoyen, un reto de varios días en los cuales el viejo determina que el pez y el son uno, dos personas aferrándose por vivir y que su destino está sellado en su supervivencia. El viejo demuestra su teoría en la que “si realmente se propone una meta, la puede lograr”, con todos los percances que jugaban en contra del viejo, su convicción y sus experiencias le han dado no le han dado la gloria y el reconocimiento de su valiente pesca para su comunidad, pero sí el que hasta en los momentos finales se debe aferrar y honrar a lo que uno fue, un pacto de honra hacia la vida que termina.

Los tiburones despedazan al pez para recordarle al viejo que el mundo se abre y que no tiene cabida a los errores y los sueños utópicos, la esperanza se debe llegar con cautela y responsabilidad, solo de esta forma permanece en el tiempo. La vida quita y te da, solo los huesos del pez dejan los tiburones para que el viejo se lleve de recuerdo y demuestre que en los últimos instantes se puede vivir con tanta pasión como lo es la juventud. 

El viejo y el mar es una ofrenda de respeto hacia la vejez, de la enseñanza a las nuevas generaciones y el porvenir del destino, la realidad de una vida que se acaba con los honores más altos de la profesión de la pesca, y el relato de amor a alcanzar los sueños. 

“La vida no nos da sorpresas, simplemente damos por hecho que es sencilla y omitimos que el espíritu humano es en su esplendor lo más conmovedor e imponente rasgo del humano”.
José M. León

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